Cuando el río suena

“No somos uno, sino muchos. Una dispersa multitud de momentos que ya no están”

 

El pasado no se acaba nunca. Vive oculto en un cajón o en el bolsillo de un vestido o en una taza de café. Habita en los objetos, en las cosas, en los lugares, y ahí espera a que algún día pasemos junto a él. Pero la voluntad es inútil cuando se trata de recuperarlo. Entonces, ¿cómo encontrar aquello que no se puede buscar?

Interrumpir, tomar un café, hacer una pausa, olvidar el tiempo. Parece que cuando se quita el fondo ruidoso del presente, el silencio comienza a hablarnos del pasado. Parece que cuando no hay nada que mirar, uno comienza a ver las cosas que ya no están. Adentrarse en el pasado es recorrer un laberinto. Para ello no sirve sólo recordar, sino también olvidar.