El corazón de las tinieblas

“En la oscuridad encontramos nuestro origen, nuestra semilla y también nuestro fin. En la oscuridad encontramos nuestros límites, pero también podemos encontrar nuestro poder. ¿Nos conviene, entonces, escapar siempre de los lazos sutiles de la oscuridad?” 

Enrique Vargas

Este espectáculo de Teatro de los Sentidos busca la esencia de El corazón de las tinieblas, novela corta de Joseph Conrad publicada en 1899, que también inspiró Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola).

La obra de Conrad es una compleja exploración de la actitud humana ante la dicotomía que enfrenta a la sociedad bárbara y el ser civilizado. Más allá de una lectura poscolonial, el espectáculo se centra en eso que algunos han dado en llamar “la semilla del mal” y explora el potencial latente de corrupción que todos escondemos  a la vez que busca discernir la responsabilidad que entrañan nuestras decisiones.

Nuestra propuesta se mantiene fiel al espíritu de Teatro de los Sentidos, que busca hacer desaparecer la distancia entre actores y espectadores. Por lo tanto, con El corazón de las tinieblas pretendemos crear una experiencia de inmersión sensorial, en la que la implicación personal de cada espectador, en base a sus propias percepciones, emociones y decisiones, ayude a dar forma al espectáculo. La dureza del material literario original ha provocado un necesario cambio en el estilo del Teatro de los Sentidos coincidiendo con su 20 aniversario: en El corazón de las tinieblas los actores ya no se muestran como los dulces “ángeles de la guarda “que habían sido en la mayor parte de nuestras anteriores producciones.

De nuevo, los espectadores se convierten en viajeros; esta vez por un paisaje desolado que nos recuerdan al viejo cauce del río, ahora completamente seco. La oscuridad y el suelo son metáforas permanentes de esa misteriosa esencia que nos da un principio y un fin, que se puede utilizar para construir o enterrar, que contiene el amor o el odio. El corazón de las tinieblas es un viaje entre la vida y la muerte; un limbo simbólico, no exento de peligro; un no-lugar donde vamos a enfrentarnos con nosotros mismos y con nuestro viaje por la vida, así como con nuestras decisiones personales, nuestros sueños, éxitos y fracasos. Se trata de un descenso a los infiernos. Pero no al que muestran los libros. Se trata más bien de ese infierno interior que todos guardamos muy dentro de nosotros. Nuestra parte más oscura.

La prensa ha dicho:

“La mejor vista está en la oscuridad. Mientras esperamos de pie, con tierra sucia entre los dedos, un olor de betún y el sonido de agua en aire, un paisaje aparece ante nosotros. Y desde el negro más profundo, unas voces cantan con tal belleza que algo horrible debe de andar cerca.”
Politiken, Dinamarca